El Hablador
Sopó
Habladores
Sábado, 08 de Noviembre de 2008 00:00

Día a día debemos enfrentarnos con masas de anuncios publicitarios que nos inducen al consumo irresponsable atentando no solo contra nuestra salud sino que pone en riesgo el planeta. Día a día devastamos sus recursos y los convertimos en basura. ¿No es suficiente carga ya para la naturaleza y para la sociedad que sufre por la injusta distribución de las riquezas?
El nuevo modelo que desplaza la economía rural y arrasa con ecosistemas y biodiversidad trayendo consigo contaminación y deterioro de la seguridad alimentaria, nos amenaza. ¿Queremos cederles el poder?. Podemos dejar de ser la generación de usar y tirar para empezar a influir en la marcha de la economía mundial en forma directa como lo señala Guillermo Quiroz, Oceanógrafo físico. Quienes han encontrado un estímulo en esta crítica a nuestro comportamiento errado, pueden empezar por transformar mentes y crear conciencia colectiva para luego regirse por principios simples como estos:
Ser críticos con nuestro consumo. ¿Cómo puede afectar mi salud y al medio ambiente este producto o la forma en que se elaboró? Ley de las tres R: Reducir nuestro consumo. ¿Qué es lo que en realidad necesito?, Reutilizar ¿Qué otro uso le puedo dar al producto o a sus desechos? y Reciclar ¿Cómo separo los materiales para que las empresas vuelvan a emplear estos materiales?
Practicar un consumo solidario, socialmente justo, respetuoso con las personas y las culturas, en el que no haya lugar para la discriminación ni la explotación.
Recuerden que tenemos el poder como consumidores porque las empresas dependen de nuestras necesidades; si rechazamos un producto por su empaque o porque es poco saludable, están obligados a transformarlo hasta satisfacernos. El interés real de las multinacionales que nos bombardean con sus productos no es nuestro bienestar, es reforzar el consumo en los niveles económicos que tienen dinero para gastar, aunque, con esto contribuyen al incremento de la brecha entre pobres y ricos.
No se trata de reducir nuestra calidad de vida, el objetivo es mejorarla aportando al desarrollo sostenible porque como aseguraban los sabios clásicos “no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”.


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