Veinte siglos después, la Biblioteca de Alejandría vuelve a ser destruida

Publicado en el Periódico El Espectador
Por: Arturo Charria

 

La noticia es demoledora: de un plumazo, un alcalde puede acabar con un importante centro cultural.

En el antiguo Egipto Julio César ordenó el incendio de la Biblioteca de Alejandría, ahora, en una pequeña vereda de Cundinamarca, un pequeño alcalde, con ínfulas de César, pretende repetir la historia.

El debate que se ha producido en torno a una pequeña Biblioteca Pública Alejandría, ubicada en la vereda San Gabriel, del municipio de Sopó, Cundinamarca, resulta particularmente interesante, pues nos permite reflexionar sobre dos temas que tienen alcance nacional: ¿cuáles son los límites de un gobernante para decidir sobre asuntos que afectan de manera directa los intereses de un número significativo de ciudadanos? Y, ¿qué representa una biblioteca para una comunidad?

La Biblioteca Pública de San Gabriel nace del interés de los habitantes y los vecinos de la vereda, quienes constituyeron la Corporación Alejandría para suscribir un convenio que permitiera su creación. La administración municipal se comprometía a poner la edificación y los recursos económicos que permitieran pagar una bibliotecaria, un auxiliar, los servicios públicos y algunos costos de administración. La Corporación Alejandría se encargaría de capacitar a los bibliotecarios, llevar el mobiliario, el desarrollo tecnológico, la catalogación del material bibliográfico, además de la dotación de libros y el desarrollo de programas educativos y culturales.

La Biblioteca abrió sus puertas en 2004. Fue tal su impacto que los habitantes de una vereda vecina, HatoGrande, ubicada también en el municipio de Sopó, le solicitaron a la Corporación Alejandría que les ayudara a crear una semejante. La solicitud fue atendida por la administración y la vereda HatoGrande, por unos pocos meses, contó con una biblioteca de verdad: con colecciones cuidadosamente escogidas, programas para todas las edades, tecnología y servicio al público todo el día de lunes a viernes y sábados mediodía. Sin embargo, cuando llegó el señor William Venegas a la Alcaldía, 11 meses después de abierta la nueva biblioteca, tomó la decisión de cerrarla. Dicha biblioteca hoy no pasa de ser un triste cascarón sucio, con unos pocos libros que no se prestan, y un servicio ocasional de “ayuda tareas” que funciona, como dice un cartel a la entrada, de 3:00 a 6:00 pm.

Desde el primero de enero de 2016 William Venegas volvió a ocupar la Alcaldía de Sopó y, como si se tratara de un proyecto de vida, decidió cancelar el convenio por el cual la Corporación Alejandría administraba, dotaba y mantenía en funcionamiento la Biblioteca Pública de la Vereda San Gabriel. No tuvo en cuenta el señor alcalde que la buena administración de esta Biblioteca le permitió ser considerada, por la Biblioteca Nacional, como una de las mejores en 2015.

Los antecedentes de la Biblioteca de HatoGrande prendieron las alarmas en la comunidad y esta ha manifestado su inconformismo con la decisión del Alcalde Venegas. Han escrito cartas, recolectado firmas, incluso el sábado pasado, en el Concejo de Sopó, se hizo un debate público sobre el tema. Esto quizá es uno de los elementos que más merecen ser destacados en medio de esta terrible situación, la voluntad de una comunidad que se manifiesta en defensa del disfrute pleno de sus derechos. A la fecha el alcalde Venegas no se ha pronunciado de manera formal sobre el tema y no ha dado respuesta a la carta enviada por su comunidad.

Pero volvamos sobre una de las preguntas que nos hicimos al principio: ¿qué significa una biblioteca para una comunidad? Quizá para el Alcalde sea solo un depósito de libros, donde alguien pide un material y una persona, detrás de un mostrador se lo alcanza. Al menos así funciona lo que de manera pomposa Venegas llama “Red Municipal de Bibliotecas Públicas y Escolares” de Sopó Eduardo Carranza Fernández. Es importante recordar que dicho modelo de servicio no permite el préstamo externo de libros y los horarios son muy limitados.

No concibe el Alcalde que con su decisión priva a una comunidad no solo del préstamo y consulta de un amplio material bibliográfico, esto apenas es una de las pocas funciones que desempeñaba hasta hace una semana la Biblioteca Pública de San Gabriel. Según manifiestan los propios usuarios de la Biblioteca, en carta presentada el 13 de febrero al Concejo y la Alcaldía de Sopó, en este espacio se prestaban doce servicios más: asesorías pedagógicas, internet gratis (en San Gabriel no hay otro espacio que preste este servicio de manera gratuita), academia de danza, teatro, artes escénicas, lunadas literarias, cineforos, ludoteca, atención a la primera infancia, intercambios deportivos, servicios de extensión (“cajas viajeras”) culinarios, y artísticos con colegios y universidades de otras veredas y de Bogotá.

En respuesta a un articulo de opinión publicado en “las 2 orillas”, la Alcaldía redactó un comunicado que publicó en el mismo medio. Allí, de manera irresponsable, sostuvo que 64.300.000 pesos al año son un exceso para sostener una biblioteca. Según la Alcaldía, con la mitad de ese dinero puede seguir contratando a los dos funcionarios (ya dejó claro que solo contratará uno), manteniendo la amplia agenda cultural, dotar de computadores, muebles, libros, pagar servicios públicos y mantener en buenas condiciones las instalaciones.

En la misma carta, la Alcaldía cuestiona el número de usuarios que visitaron la Biblioteca Pública, pero el argumento es bastante ingenuo, dice textualmente la carta: “Las estadísticas, presuntamente, están siendo manejadas de manera errada; al parecer están contando a un mismo niño más de una vez, es decir, registraron al “mismo niño” X cantidad de veces”. Según la argumentación de la Alcaldía, si a un partido de fútbol van 100 personas, y las mismas 100 personas van a 10 partidos, al finalizar el torneo durante todo el campeonato habrían ingresado al estadio 100 personas en vez de Mil. El argumento de la Alcaldía muestra total ignorancia en el campo, pues desconoce que esta es una de las maneras como se recopilan estadísticas en una biblioteca: cantidad de personas que ingresan y participan, independientemente de que se “repitan”.

La decisión del Alcalde William Venegas es arbitraria y causará un daño irreparable no sólo a los habitantes de la vereda de San Gabriel, sino a los habitantes de las otras veredas que usaban las instalaciones de la Biblioteca. Además de acabar con un modelo de alianza público-privada exitoso, donde un gran número de voluntarios convocados y organizados por la Corporación participaron activamente durante 12 años en el desarrollo de la cultura y la educación de una región, sin otro interés que “poner un grano de arena” para buscar cerrar brechas de inequidad.

Dice el Alcalde que él no cerrará la Biblioteca, que en pocos días la volverá a poner en funcionamiento, incluso que será mucho mejor. Me pregunto cómo será esta apertura, pues la Biblioteca ha quedado sin insumos ¿Acaso pensará llenarla con los libros y muebles que tiene en su casa? ¿Sabe el Alcalde cuánto cuesta un libro? Es tan compleja la posición del Alcalde, que me inclino por pensar, de que el interés del señor William Venegas tiene como propósito desincentivar la lectura en Sopó, para que sus electores lo puedan seguir nombrando Alcalde vitalicio de la pequeña comarca que administra.

Acerca de El Hablador

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